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El ahorro de las familias, por Manuel Sarachaga

octubre 8, 2009

Según los datos recientemente publicados por el INE, correspondientes a la Cuentas Económicas Trimestrales, el ahorro bruto de los hogares e instituciones sin fines de lucro al servicio de los hogares ha alcanzado en el segundo trimestre su máximo histórico, equivalente al 24,3% de su renta disponible bruta.

La interpretación que se ha hecho de este dato por parte de la mayoría de los medios de comunicación ha sido similar: la crisis económica ha llevado a las familias españolas a una posición de mayor cautela y precaución que provoca un incremento del ahorro y, en consecuencia, un menor nivel de consumo. Esta actitud, comprensible dada la incertidumbre económica del momento que vivimos, provocará –según esta interpretación- una espiral negativa de caída de la demanda y menor renta disponible para las propias familias, por lo que es necesario buscar vías para reactivar el consumo lo antes posible.

Sin embargo, la realidad es bastante diferente. Las familias no han reducido su consumo porque repentinamente se hayan transformado en agentes austeros, precavidos y temerosos del futuro. La caída del consumo no es una consecuencia de este cambio drástico de actitud, sino que es el efecto inevitable del proceso de restricción crediticia generado por el final de la fase expansiva del ciclo económico.

Durante largos años, las familias españolas vieron crecer de forma continuada y notable sus rentas, sin embargo destinaban al ahorro poco más del 10% de éstas, mientras que su endeudamiento se disparaba hasta el 130%. Este grave desequilibrio, fruto en buena parte del desenfrenado crecimiento del crédito barato, evidentemente no era sostenible, dado que en algún momento hay que pagar las deudas. Y ese momento ha llegado.

El final de la fiesta crediticia ha terminado con la parte del consumo que se financiaba y ha obligado a las familias no sólo a reducir su “ritmo de vida”, sino a disminuir un endeudamiento que no admite más crecimiento y apenas puede refinanciarse. Por tanto, y tal como indica la Contabilidad Nacional, el consumo se ha frenado como no podía ser de otra manera, y ante un sostenimiento un tanto artificial de las rentas (gracias a las transferencias del sector público), el ahorro, que es el término residual, ha aumentado.

¿Significa esto que las familias se han vuelto más ahorradoras? Siendo cierto que el papel de las expectativas en las decisiones de los agentes es incuestionable, no parece que sean éstas las que han forzado un incremento del ahorro. El ahorro en términos contables es la parte no consumida de la renta, independientemente del fin a que se destine. Y en este momento las familias no están precisamente “engordando el cerdito”, sino que están destinando una mayor parte de su renta a devolver sus deudas, lo que se computa contablemente como un mayor ahorro.

Este inevitable proceso conlleva un empobrecimiento relativo de las familias, dado que su nivel de bienestar se reduce al disfrutar de un menor consumo de bienes y servicios, pero es la única vía para poder retomar un sano crecimiento cuando finalice la fase de ajuste global en que se encuentra inmersa nuestra economía. Tratar de reactivar el consumo a toda costa, aunque sea incrementando nuevamente el endeudamiento privado o en su lugar el público, es dilatar y agravar el ajuste que tarde o temprano ha de producirse para poder crecer de forma equilibrada.

El necesario reequilibrio hasta un nivel sostenible entre el ahorro y consumo, entre renta y deuda, será mucho más rápido de lo esperado en el caso de los agentes privados. Sin embargo, este ajuste ha de ser acompañado por imprescindibles reformas en nuestros mercados y por un rápido ajuste de las cuentas públicas una vez retomada la senda del crecimiento.

Erre que erre

junio 10, 2009

Manuel
Por Manuel Sarachaga

Por si alguno no está todavía completamente harto de mi “querencia” al respecto, ahí va eso:

1) Algunos ya le ven las orejas al lobo:

La Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos no quiere que los riesgos inflacionistas se le vayan de las manos por la agresiva rebaja que ha aplicado al precio del dinero desde el estallido de la crisis en el último trimestre de 2007. Con los tipos de interés en actual rango de entre el 0,25% y el 0%, el banco central no dudará en subir las tasas en cuanto vea signos de recuperación económica.

2) Y gracias a Dios quedan en este país economistas sensatos y que distinguen entre la economía y los slogans:

En una economía cerrada, sin sector exterior, o en la economía mundial -considerada como un todo-, un proceso sostenido de caída de precios (“deflación”) constituye una grave amenaza, porque desanima el consumo y la inversión, agrava la carga soportada por los deudores y puede agudizar una espiral depresiva (pueden verse más detalladas en mi artículo debt deflation).

Pero para una economía abierta como la española, que ha ido perdiendo competitividad desde que entramos en el euro y forma parte de una unión monetaria más amplia, una reducción de sus precios (e incluso salarios) nominales puede resultar necesaria para recuperar la competitividad internacional perdida. Bastaría una mera congelación de precios si en los restantes países los precios subieran. Pero si no lo hacen, o lo hacen muy poco -como es previsible que ocurra en la zona euro-, que en España se produzca cierto grado de “deflación”, lejos de ser un “riesgo”, puede ser parte de la solución.

Ahí va el dato: el petróleo ya pasa de 70 USD/barril, y en consonancia, el euro a 1,41 dólares.

El que tenga ojos que mire, y el que tenga oído que escuche.

Saludos

Edito por Pedro Herrero: Tardaba el Sr. Conthe en ser “linkado” por estos parajes. Una de mis preferencias personales (junto con McCoy) de lectura blogera. Hay que estar agradecidos al Sr. Conthe por la labor de divulgación, basada en la seriedad e independencia que dan las dimisiones (en un país como este hay que recordar estas cosas), que realiza el exgobernador del Banco de España Ex Presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores desde su página personal.
A McCoy habrá que glosarlo otro día.

Inflación o deflación y al hilo del artículo de Krugman…

junio 9, 2009

Parece que es el tema de moda.

First things first. It’s important to realize that there’s no hint of inflationary pressures in the economy right now. Consumer prices are lower now than they were a year ago, and wage increases have stalled in the face of high unemployment. Deflation, not inflation, is the clear and present danger.

La inflación de la zona euro se mantuvo invariable en mayo por primera vez en la historia en el 0%, un nivel seis décimas inferior al registrado en abril, cuando los precios subieron un 0,6% en tasa interanual, según la estimación preliminar de la oficina comunitaria de estadística, Eurostat

De los comentarios de Cotizalia

1. BF229/05/2009, 11:34 h.
Hay un dato que siempre debe ser considerado complementariamente: le avolución de la M3 [masa monetaria] en esa Comunidad.
Pues bien, los hechos nos dicen que la tasa de crecimiento de la misma sigue su imparable curso descendente. Mientras al finalizar 2007 crecía el 11,6% anual, al finalizar el año 2008 dicho crecimiento bajó al 7,5%, y al finalizar abril este año el crecimiento estaba en el 4,9%.
Esta bajada constante y creciente de la M3 se contrapone al hecho que en los últimos 15 meses los Gobiernos de la UME han puesto en marcha medidas “anti-crisis” por importe superior a los €3 Billones.

Aunque es cierto que, a diferencia de España, la mayor parte de las medidas “anti-crisis” no han sido inflacionistas [simple canje de activos], y han ido dirigidas al apoyo de la estructura productiva, la realidad constata que la disminución de la M3 se debe especialmente a la bajada del factor circulación del dinero, que, junto a la disminución del consumo [-4,2% anual en marzo], ha sido el motor básico de la contención de los precios en la UME.

Después de esta presentación, sabiendo, con un poco de mala uva, que Manuel Sarachaga es contrario a las tesis keynesianas de Krugman (y del común de los gobiernos occidentales), mis preguntas para él fueron:

¿Cual es la alternativa? ¿Subir tipos y drenar el exceso cuando todavía nos movemos en deflación? ¿Bajar tipos al cero pero mantener contención en el gasto público? ¿Ahorrar o gastar? ¿No hacer nada hasta que escampe?

Y la contestación, siempre generosa y siempre didactica, de Manuel Sarachaga:

Manuel

“Evidentemente no hay fórmulas mágicas y puedes encontrar tantas respuestas como personas como yo preguntes.

Dicho esto de antemano, creo necesario distinguir diferentes aspectos en esta situación:

- Actuaciones de urgencia, actuaciones a más largo plazo y cambios para no cometer los mismos errores (en fin, la disneylandia de los buenos propósitos)
- Política monetaria y política fiscal
- Entender de una vez qué ha pasado

Los actuales problemas se derivan de la manipulación del crédito/masa monetaria/tipos de interés, algo que no se puede planificar ni dirigir sabiamente como pretenden hacer los bancos centrales. Por una parte, los bancos centrales fallaron en su (imposible) misión de estabilidad monetaria y cambiaria al creer que ésta es equivalente a un control de la mal llamada “inflación”, es decir, el IPC. Despreciaron el precio de los activos y el crecimiento de la masa monetaria, del crédito y del apalancamiento de las entidades financieras que teóricamente supervisaban. Y por otra, los bancos comerciales utilizaron los mecanismos a su disposición para maximizar sus beneficios gracias a un endeudamiento casi ilimitado que les permitía multiplicar el crédito sin control (debido a los ridículos coeficientes de solvencia y de caja) y prestar a corto plazo el ahorro que captaban a corto, situándose en permanente riesgo de iliquidez y suspensión de pagos.

El desfase de demanda (= de crédito = de deuda = de déficit comercial) de algunos países ricos (entre los cuales destaca EEUU, pero donde también está España) provocó una serie de desequilibrios, a destacar:

- Déficit de ahorro en esos países y superávit en terceros países (exportadores y con superávit comercial): este déficit de ahorro se suplía gracias al flujo financiero “de vuelta” desde los que tenían superávit, que invertían en títulos financieros emitidos por los empufados (bonos del Tesoro USA –> los chinos tienen 2 billones USD, o en nuestro caso, cédulas hipotecarias y similares que nos compraban los alemanes, franceses y otros). Este proceso era posible porque los países exportadores y prestamistas manipulaban a la baja sus tipos de cambio, ligándolos al dólar (cuando en realidad deberían apreciarse por sus fabulosos superavit).

- Distorsión completa de los sectores productivos: no se producía sólo lo que la gente realmente necesitaba (de una forma sostenible), sino que fue ganando terreno la producción de aquello que era más rentable desde el punto de vista puramente económico y especulativo (lo que más beneficio generaba), provocando las famosas “burbujas”. Los sectores inflados inflaron a su vez al resto de sectores (los coches los compraban también los obreros de la construcción, que también tenían el vicio de comer en restaurantes, comprar ropa e irse de vacaciones…).

- Endeudamiento brutal de todo hijo de vecino en estos países con déficit de ahorro (el nuestro bate a cualquiera).

No sigo con los desequilibrios, aunque hay bastantes más. Con estos dos queda claro que ESE nivel de demanda, basado en ESA estructura productiva, ERA Y ES INSOSTENIBLE.

Cuando esta fase expansiva (= expansión del crédito y del dinero) toca a su fin porque no podía ser de otra manera (el servicio de la deuda es insostenible y no da para más), el chiringuito revienta. Y parte de los factores productivos que estaban en el momento equivocado en el lugar equivocado, tienen que moverse e irse a otro lugar CUANTO ANTES, y sólo así saldremos de este agujero en el que estamos metidos.

La contracción del crédito es inevitable, y los bancos centrales, que se equivocaron estrepitosamente, ahora quieren detener el derrumbe. Perfecto, es lo menos que pueden hacer, sólo nos faltaba. Bajar los tipos y expandir la base monetaria puede ser aceptable estando como estamos, pero hay que pensar cómo va a funcionar este chiringuito después, y no deja de tener sus perniciosos efectos (desincentiva el ahorro y sienta las bases de posibles expansiones crediticias e inflacionistas en el medio plazo).

Pero la actuación de los Estados es otro asunto. Cuanto más gasto improductivo con cargo a la deuda ejecuten, mayor será la gravedad del ajuste. Evidentemente, van a crear empleo, como no puede ser de otra manera. Y si dedicas a la gente a hacer castillos de arena y les pagas por ello, también creas empleo. Pero no se trata de eso, se trata de crear una estructura modificada de producción que sea sostenible, que responda a las necesidades y demanda de las personas, que no genere deuda excesiva ni sobredimensione determinados sectores, y eso ni sabe ni puede hacerlo el gobierno, sino los empresarios y la gente de la calle, pero hay que poner los medios para que esos recursos se muevan rápido.

La misión de los Estados debe ser:

1º Amparar a los que peor lo están pasando y que ni se beneficiaron especialmente de la fase alcista del ciclo ni tienen ninguna responsabilidad en la situación actual.
2º Realizar las reformas necesarias para que los factores productivos (básicamente capital y trabajo) se desplacen rápidamente hacia nuevos sectores. Esto supone, inevitablemente, un tiempo en que los factores desplazados estarán ociosos (desempleo), no hay forma de escapar de eso. El error es querer evitarlo inyectando dinero en los sectores que tienen que liberar exceso de factores, es decir, insistir en mantener el actual modelo productivo (decir una cosa y hacer la contraria).
3º Poner en marcha medidas de austeridad urgentes que les permitan mantener cierto impulso inversor (en proyectos ya evaluados como necesarios y que impacten sobre las bases del crecimiento económico: infraestructuras, capital humano y capital tecnológico) sin caer en un déficit tal que se convierta en una losa para el crecimiento futuro.
4º Evitar caer en medidas populistas, miopes y cortoplacistas.
5º No confundir la necesidad de preservar nuestro sistema financiero por el lema “ningún banco ni caja puede quebrar”. Claro que puede quebrar, y tras el correspondiente “castigo” a accionistas y administradores, puede seguir funcionando -si fuera imprescindible- con ayuda pública o privada, dando por tanto entrada en el accionariado a quien ha puesto el nuevo dinero (el Estado, otro banco o quizás los depositantes y acreedores).
6º Recordar que la riqueza se genera produciendo, no consumiendo. Incentivar la demanda sin permitir la necesaria corrección en la oferta es alargar la agonía y trasladar el problema al futuro: “patada a seguir”.

Hay que elevarse un poco, mirar desde arriba, con perspectiva y ver un poco más lejos.

Lamentablemente, todo esto no va a ocurrir porque no hay el suficiente arrojo político. Las actuales medidas de política monetaria y fiscal están sentando las bases para un periodo inflacionistas en no mucho tiempo. Esta será una deliberada salida, buscada para “diluir” la deuda pasada y luego Dios dirá. El peor de los escenarios (muy posible) para España es una salida para nuestro país más lenta que en el resto de la zona euro. La inflación se va a elevar rápidamente, y el BCE no tardará ni un mes en subir los tipos lo que haga falta y tratará de compensar la recuperación del crédito bancario con medidas restrictivas, que será justo lo necesario para alargar nuestra recesión/depresión, donde veremos decrecimiento o estancamiento, deuda pública > 60% y déficit > 10/12%.

Saludos a Krugman.”

Apuntes

mayo 28, 2009

Por Manuel Sarachaga

Tres apuntes:

El petróleo pasa de 62 dólares (subida de un 30% en lo que va de año):

El euribor sigue subiendo a pesar de los esfuerzos del BCE:

El dólar sigue gacho (1,4 USD/EUR) ante la avalancha de deuda pública

Y todo esto en (supuestamente) lo peor de la crisis, ¿qué ocurrirá cuando repunte la demanda internacional?

Edito: Posterior

Yo insisto en la misma idea. Se ve que no soy el único que piensa en ésta como una cuestión a considerar:

La inflación una amenaza latente – Cotizalia

Llegamos a cifras realistas

mayo 25, 2009

Manuel Por Manuel Sarachaga

Por fin llegamos a cifras realistas:

La Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) ha vuelto a recortar la previsión de crecimiento de la economía española en ocho décimas para el presente ejercicio, hasta el -3,8%.

Según la última revisión elaborada por Funcas, para 2010 también empeora la situación y el PIB caerá un 1,2%, siete décimas más de lo previsto.

No quiero parecer prepotente, pero el año pasado dije que íbamos a caer al menos un 5% en términos acumulados y me dijeron que era imposible. Cuando todo el mundo habla de deflación, yo creo que estamos abocados a una elevada inflación en no mucho tiempo.

Veremos.

Con paso firme hacia el desastre

mayo 19, 2009

Manuel
Por Manuel Sarachaga
Si algo tenemos claro es que el exceso de crédito y de endeudamiento han sido en buena parte los causantes del proceso expansivo de la última década y de la consecuente reacción recesiva que ahora vivimos. El crédito supone, en última instancia, un anticipo de la renta futura de los agentes económicos y su conversión en dinero presente. Si este crédito es invertido adecuadamente, los agentes económicos generan riqueza suficiente como para devolver sus deudas en el futuro y sostener al mismo tiempo su capacidad de consumo e inversión. Pero cuando el crédito, y por tanto, el endeudamiento, es excesivo, como ha sido el caso, el “agujero” de ahorro supone necesariamente un deterioro en la capacidad de gasto e inversión llegado el momento de hacer frente a las deudas.

Pues bien, ese futuro ya ha llegado. Y ahora nos estamos enfrentando a ese “agujero”, sin entender del todo qué ha pasado. La demanda privada se derrumba, y la oferta muestra un claro exceso de capacidad, fruto de los excesos del pasado, cuando el crecimiento se distorsionó a favor de determinados sectores poco productivos y sobre la base de una enorme deuda. Ante esta evidencia, la estrategia de los gestores públicos es tan evidente como equivocada: suplir la capacidad de demanda privada mediante el gasto público. Si los agentes privados, ahogados en sus deudas, no son capaces ya de consumir e invertir al mismo ritmo que hasta ahora, debe ser el Estado quien tome el relevo.

Dicha estrategia parte del equivocado supuesto de que es posible sostener el nivel de demanda agregada que venía registrándose hasta ahora y de la creencia de que el gasto público tiene un efecto “multiplicador” sobre el consumo privado, de tal forma que es casi irrelevante el nivel de deuda pública que se alcance, pues se generará riqueza suficiente para devolverla en el futuro. Es más, existe el convencimiento de que debe ser el endeudamiento público el que sustituya al endeudamiento privado para garantizar el ritmo de crecimiento porque, entre otras cosas, “a largo plazo todos estaremos muertos”, como dijo un inglés. Al mismo tiempo, se asegura que están tomando medidas con el fin de lograr un “cambio de modelo” y una “economía sostenible”.

Pues bien, tales hipótesis y medidas son justo las necesarias para garantizar que nuestra economía se adentre en el desastre de una larga depresión.

La única forma de retomar el crecimiento económico es que los agentes liquiden sus deudas, que los factores productivos se trasladen desde los sectores productivos sobredimensionados hacia aquellos otros de futuro y mayor valor añadido, y que se afronten de una vez los retos clave a largo plazo para nuestra economía (modelo energético, educación, sistema de pensiones, modelo laboral, dependencia tecnológica, cierre del modelo autonómico, reequilibrio de competencias entre el Estado y las CCAA, eficiencia de los servicios públicos, etc). El reajuste de la oferta productiva implica el fracaso de una parte de las inversiones iniciadas en el pasado en los sectores “inflados” –incluido el sector bancario- y requiere que no se tomen medidas contraproducentes para sostenerlos artificialmente tal como se está haciendo. Es imprescindible por otra parte que se eliminen las trabas al movimiento de factores productivos (mercado laboral, regulaciones autonómicas, burocracia excesiva, etc), para que los excedentes puedan recolocarse cuanto antes. Es necesario también que se limite el endeudamiento público, auténtico lastre para la futura recuperación, concentrando el gasto, por una parte, en ayudar a los sectores sociales más desprotegidos y, por otra, en inversiones estrictamente necesarias, rentables y de probado efecto expansivo sobre la oferta. Y con el fin de evitar similares problemas en el futuro es incuestionable que la regulación internacional del sistema financiero debe ser modificada para limitar su capacidad de expansión del crédito. Si permitimos que los bancos centrales mantengan sus objetivos e instrumentos, y las entidades de crédito conserven intacta su regulación, habremos garantizando la siguiente crisis.

Por tanto es urgente modificar radicalmente la estrategia de nuestros gestores si de verdad se quiere cambiar el modelo y hacer que sea “sostenible”, salvo que lo único que se pretenda sea lograr un efecto propagandístico y una “huida hacia adelante”, esperando que todo esto se haya superado y olvidado en la cita electoral de 2012.

La única política económica que se percibe en la actualidad es la de recurrir a carísimas, ineficaces e incoherentes ocurrencias con cargo al erario público, cuyo último fin es el de estimular una insostenible demanda y evitar el “desinfle”de sobredimensionados sectores productivos. Esta deriva, unida a la actual política monetaria expansionista a nivel mundial, provocará un escenario de elevada inflación y alzas en los tipos de interés en el momento en que las economías de nuestro entorno –no la nuestra- se recuperen. En ese momento, no muy lejano en el tiempo, volveremos a utilizar un viejo y conocido extraño término: “estanflación”.


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