Naturalezas muertas: La Cup

Naturalezas muertas: La CUP

La CUP ha jugado a ser el perro guardián de las esencias populares del procés. Su tesis pública, compartida de manera sorprendente por algunos científicos sociales, es que este era un proceso de abajo a arriba. Que los líderes de este movimiento eran el pueblo y sus movilizaciones y no la tradicional élite que configuraba el poder catalán desde el restablecimiento de la autonomía. En todo caso, que Artur Mas y Convergencia estuvieran al frente era un accidente de la historia que ellos solucionarían con su capacidad de veto: “escombrem-los”.

En cada fase, la CUP exigía acelerar los tiempos y marcaban públicamente la altura del listón que convergentes y Esquerdos debían saltar para conseguir el sello de calidad revolucionario. Eran los fedatarios, con su presencia en negociaciones y acuerdos, de que la hoja de ruta se trazaba y ejecutaba. Que el Govern cumplía, y que se anduviera con ojo para desviarse pocos meses de los 18 originalmente prometidos. Al final todos cumplirían con su compromiso, con la gente, el pueblo, las calles. Mírame a los ojos, somos la insobornable CUP.

Desde la entrada en la fase comedia de todo esto, tuvimos una primera rueda de prensa de  Benet Salellas, diputado de la CUP, donde reconocía de manera explícita que no se había avanzado en ninguno de los compromisos comprometidos. Las semanas avanzan y seguimos escuchando confirmaciones, recogiendo declaraciones, conociendo filtraciones e informaciones de que el cumplimiento de la hoja de ruta independentista ha sido un gran fraude político basado en mentiras públicas y desconfianzas y deslealtades privadas. El hecho es que no se ha podido exigir rendición de cuentas públicas porque la mayoría de los que tienen que dar explicaciones están en la cárcel o en Bruselas. Pero lo cierto es que ningún miembro de la CUP se encuentra en esa situación y no les he escuchado mayor explicación sobre qué tipo de pruebas de comprobación exigían a lo largo de los meses sobre la hoja de ruta, sobre si se dejaron engañar como a tontos o sobre si eran cooperadores necesarios en el enmascaramiento de la falsa creación del mito de que la administración catalana estaba preparada para la independencia.

Coda final: Dice el argumento más reciente que suelen dar desde el perímetro secesionista que es la violencia del Estado la que echó para atrás la voluntad del Govern de cumplir con sus promesas. Sería entonces la inexistencia de estructuras no el producto de la incapacidad, el miedo o la mentira de los miembros del Govern, si no una acción de responsabilidad, al no querer llevar al martirologio al pueblo catalán y sus funcionarios. Pero lo cierto es que, mentira sobre mentira, el calendario niega totalmente esa posibilidad. El incumplimiento en la creación de estructuras del Estado precede en varios meses al Piolín o las hipotéticas amenazas de violencia por parte de “España”. Es decir ningún Consejero del Govern tomó una sola decisión ejecutiva o administrativa en dirección a crear nada. El mejor ejemplo, a bombo y platillo, la presentación de la Hacienda Catalana. Un cartón pluma hueco en forma de página digital con el mismo valor que una maqueta de porexpan y del que me atrevo a decir que no tendremos más noticias.

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Columna “Las Hojas Muertas” publicada 12 de septiembre de 2017

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Las hojas muertas

Podrán ganar otra vez los independentistas pero ya no será lo mismo. Ni parlem. Ni plurinacionalidad. Ni la profesión de afectos. La represión es lo que ha funcionado. Que a la parte revolucionaria (y más socialmente peligrosa) del secesionismo se la ha parado cuando el Estado ha enseñado palo largo y mano dura es algo poco debatible. Intervención de las cuentas de la Generalitat, el Piolín, el discurso del Rey, el 155, los ceses y las detenciones.

Días antes de sentarse delante del juez, Forcadell declaró con convicción que no darían ningún paso hacia atrás. La ingeniosa solución encontrada por la Presidenta del Parlament ha sido dejar claro en el banquillo de los acusados que previamente no había dado ningún paso hacia adelante.

Sin embargo, Forcadell no es la única que sufre esa tensión. Toda una generación de jóvenes secesionistas ha quedado atrapada en sus redes sociales. Imagínense que los 8 millones y medio de miembros del partido nazi hubieran tenido cuenta en twitter y facebook allá por 1950. Todos dudando qué hacer con aquel enorme archivo de fotos y frases rotundas. Porque de las alturas físicas se desciende con una escalera, pero es de las farolas simbólicas de donde es más difícil bajarse.

Ser capaz de girar con gracia en una baldosa y encontrar elegantes justificaciones a posteriori no debería ser algo difícil para quienes han vivido entre dos siglos. Canta Montand que las hojas muertas se amontonan en el rastrillo como lo hacen los recuerdos y lamentos. Som i serem, ni un pas enrere, tots plegats, somriures, votarem, diada, procés. Todas estas palabras del otoño, ahora se van amontonando en el rastrillo, como lo hacen las hojas muertas. Oportunidad para la madurez y descubrir que la vida es una sucesión de dulces fracasos. Laisse tomber, mon ami.

Pedro Herrero.

En el funeral en memoria de mi padre, José Ramón Herrero Merediz, fallecido el 19 de marzo de 2016

Dice el filósofo y físico Douglas Hofstadter que «Cuando se produce un eclipse de sol, queda tan sólo una corona en torno a él, un resplandor circular a su alrededor. Cuando alguien muere deja una corona brillante detrás, un resplandor en las almas de quienes estaban cerca. Inevitablemente, conforme pasa el tiempo, ese resplandor se va apagando, y por fin se extingue, pero el proceso dura muchos años. Sólo cuando también desaparecen los de alrededor y todos los rescoldos se enfrían, regresan de verdad el polvo al polvo y las cenizas a las cenizas».

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Ayer y hoy nos hemos encontrado en honor a la memoria de mi padre, José Ramón Herrero Merediz, personas de muy diferentes procedencias ideológicas y sociales. Eso también nos habla de él, de sus cualidades, de cómo su recuerdo ha sido y es un punto de encuentro para todos aquellos que compartieron su compromiso incluso desde diferentes ideales.

La vida exige que un día le tengamos que poner palabras a la muerte de un padre. Y que algún día nuestros hijos le tengan que poner palabras a nuestra muerte. A lo único a lo que podemos aspirar es a que ese día nuestra vida sea entendible. Que exista un hilo conductor que haga que nuestra vida tenga sentido.

Durante su juventud mi padre estudió en el Colegio de la Inmaculada de la orden de los jesuitas, en Gijón. Allí descubre dos de sus más fuertes pasiones: el atletismo y el ajedrez, aficiones en torno a las cuales forjará grandes amistades que le acompañarán durante el resto de su vida.

Aficiones que también le servirán para derribar el mito construido por el regimen franquista sobre los soviéticos, ya que en palabras de mi padre “si ganaban tantas medallas de oro en atletismo y tenían tanto campeones de ajedrez algo debían hacer bien”.

Tras acabar sus estudios de derecho en la Universidad de Oviedo, recorre Francia, de sur a norte con una vespa, haciendo la vendimia. Y percibe cómo los derechos laborales de los jornaleros y vendimiadores (jornada, alimentación y hospedaje), eran diferentes cuánto más cercanos se encontraban a la capital, a las organizaciones de trabajadores y a la influencia de los sindicatos.

Ya en Paris, entra en contacto con el Partido Comunista, al que se afilió con 25 años, en 1956. Se forma en el marxismo y encuentra algo que siempre ha formado parte de las demandas intelectuales de mi padre: Una explicación sobre por qué el mundo es como es, y un programa de actuación para acabar con sus injusticias.

Tras varios años de participación política en la clandestinidad es detenido a la vuelta del Congreso de Praga. En el entorno de los Jesuitas, donde daba clase de Atletismo, se justificó su detención porque “pretendía poner una bomba en ENSIDESA”.

Es condenado por un Tribunal Militar por el delito de rebelión a 14 años de carcel. Tras cuatro años y medio se ve beneficiado por los indultos generales del Régimen, y volverá a la vida civil, sin su título de abogado, al retirársele al estar en libertad condicional. Se pondrá a vender neumáticos y gomas recauchutadas. Y aún así volverá a comprometerse, participando de la vida política de la clandestinidad.

Tras recuperar su título de abogado, montará un despacho orientado por el Partido Comunista y por Comisiones Obreras, dedicado a la abogacía comprometida y militante.

Durante esos años y en los posteriores se forja desde lo político una importante comunidad de amigos y camaradas, que durará hasta nuestros días, y que nos han acompañado en todo momento, todos sabéis quiénes sois.

En el 78, abandona el Partido Comunista a raíz del Congreso de Perlora. Siempre trasladó que si bien entendía que durante la clandestinidad un partido no podía funcionar de otra manera, la llegada de la democracia exigía su democratización interna.

De vuelta a la actividad profesional durante tres años, tras el frustrado golpe del 23 de febrero de 1981, retorna a la participación política, esta vez de la mano del Partido Socialista. Partido por el cual sería candidato a Senador en las elecciones de 1982 cargo que ejercería durante los siguientes 14 años hasta su jubilación. Durante este periodo participaría como ponente en la Reforma del Código Penal de 1995.

Su última etapa comprometida, como Presidente del Consejo Social de la Universidad de Oviedo, donde excelentemente acompañado volvió a internar proponer cambios y mejoras que chocaban en algunos casos con la estructura imperante.

En el año 2009, abadonaría el Partido Socialista, descontento con los procedimientos de democracia interna. Tuvimos muchas conversaciones sobre la desconexión social que él consideraba estaban sufriendo los partidos tradicionales. Y creo que, humildemente, el tiempo le pudo dar parcialmente la razón.

Finalmente su retiro, en Ardisana, donde peleó piedra a piedra contra el cauce de un río. Y donde muchos de sus amigos ayudasteis, construyendo muros, o tejados, y donde hicisteis que pasara los tiempos más felices junto a mi madre.

Sé que me dejo infinidad de pequeñas y grandes cosas, cosas que hacían que mi padre fuera una persona especial y divertida. Su cultura, su conversación, su humor, su capacidad para recoger la síntesis sobre lo que estaba sucediendo.

Lo especial que fue siempre la relación con sus amigos, con su familia, lo mucho que quería a sus sobrinos que le llamaban “Tío Monchu”.

Lo valiente que fue siempre, incluso en la adversidad de una enfermedad demoledora.

Cómo nos enseñó, a mi hermano y a mi, que el buen batidor siempre busca el norte y la altura. Cómo nos enseñó que, por fuerte que sea el oleaje, más allá de donde rompen las olas se puede nadar.

Lo cierto es que estaría traicionando la memoria de mi padre si hiciera esto más largo de lo debido, porque como siempre decía “lo bueno, si breve, dos veces breve”·.

Les empecé hablando sobre el hilo conductor de una vida, y por eso quiero contarles una última anécdota que creo que explica a mi padre y que no encontrarán publicada en ningún sitio. En 1992, camino de la Expo de Sevilla, al cruzar Despeñaperros nos encontramos con una larguísima hilera de coches. A lo lejos se veía una rotonda, al ir avanzando lentamente pudimos ver que había dos coches aparcados en el arcén de la rotonda. Dos hombres se peleaban, ensangrentados. El resto de conductores pasaban a su lado, lentamente y seguían su camino. Mi padre, mientras su familia le expresábamos nuestra negativa a que se parase, al pasar a su lado aparcó el coche. Con gran enfado de mi madre y mi abuela y enorme miedo por mi parte y la de mi hermano, mi padre se bajó del coche, detuvo la pelea, devolvió a cada conductor a su vehículo. Luego volvió a nuestro coche. Y siguió conduciendo en silencio, en dirección a Sevilla, entre nuestro enfado e incomprensión.

No fue hasta muchos años después que entendí por qué actuó como lo hizo aquel día. Por qué paró sin importarle lo que pensáramos.

Creo que ese es el hilo conductor de la vida de mi padre. Actuar, tomar partido. Sin temor a lo que digan de ti. Asumiendo y aceptando también las posibles consecuencias.

Ese es el mayor aprendizaje que puedo decir que nos legó la vida de mi padre.

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A mi familia y amigos en Cataluña – 23 de octubre de 2017

A mi familia y amigos en Cataluña:

La noche del 1 de octubre pensé mucho en las parejas serbocroatas. Las fracturas que fracturan todo un mundo. “Era algo inevitable” me acabaréis diciendo.
Nos habéis regalado una ruptura social a todos los españoles. Queríais creer que vivíais en un Estado fascista. Vivíais en la Cataluña de 2017
Es cierto que romper una sociedad no sucede en un día. Lo de hoy simplemente hace evidente lo que ya era. Las ganas y satisfacción de algunos lo dejan claro.
El 1 de octubre demasiados conocidos me dijisteis que soy extranjero en vuestra casa. Os he escuchado, os haré caso. Así que no volveremos a hablar de las cosas que me duelen. Miraremos el reloj para no cansar, como hacen las visitas.
Quisiera leerlo de otra manera, pero no. Esto es lo que queréis. Me habéis dicho a mí y a mis hijos que somos extranjeros en vuestra tierra, en vuestra querida y amada tierra.
Me casé en el Saló de Cent de Barcelona. Allí os dije que donde estuviera nuestra casa, siempre estaría también la vuestra. Mis hijos escuchan por las calles de Madrid cómo les habla en catalán su madre. Mi mujer se apellida Maestre. Es hija de Granada y Barcelona. Mi abuelo materno viajó de la Cataluña de la posguerra a la Asturias del desarrollismo. Con mi abuela, mi tío Jordi y mi madre.
Se apellidaban Mestre. Siempre nos ha hecho gracia que nuestros tres hijos se apelliden Mestre Maestre. Mestre Maestre. Nombres para súper héroes. Sé que Carmen, Manel y Adrià harán grandes cosas. Sé que ya no las harán con vosotros.
Ya no criaré más a mis hijos bajo la fábula de que volveremos a vivir a Cataluña. No sé si aguantarán las amistades. Las vacaciones en Altafulla. Si vuestra “terra” es un Macondo donde he sido muy feliz, pero al que no debiera tratar de volver.
Espero que sepáis ya que el 1-O no era una movilización, ni se votaba contra los recortes o por la reforma de España. Ni siquiera era una moción contra Rajoy. No era nada de eso, y era, al mismo tiempo, muchas cosas más tristes entre nosotros.
A todos los que participasteis en aquella votación os digo: Nuestra vida se rompe. No os importa porque queréis nuestro adiós político.
Así que os lo digo muy claramente, el adiós político lo vais a tener que arrancar por la fuerza y con violencia. No hay secesiones low cost.
Pero sobre el otro adiós, mi adiós emocional, para protegerme a mí y a mi familia, para ese sólo os digo: regalo concedido.