Con paso firme hacia el desastre

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Manuel
Por Manuel Sarachaga
Si algo tenemos claro es que el exceso de crédito y de endeudamiento han sido en buena parte los causantes del proceso expansivo de la última década y de la consecuente reacción recesiva que ahora vivimos. El crédito supone, en última instancia, un anticipo de la renta futura de los agentes económicos y su conversión en dinero presente. Si este crédito es invertido adecuadamente, los agentes económicos generan riqueza suficiente como para devolver sus deudas en el futuro y sostener al mismo tiempo su capacidad de consumo e inversión. Pero cuando el crédito, y por tanto, el endeudamiento, es excesivo, como ha sido el caso, el “agujero” de ahorro supone necesariamente un deterioro en la capacidad de gasto e inversión llegado el momento de hacer frente a las deudas.

Pues bien, ese futuro ya ha llegado. Y ahora nos estamos enfrentando a ese “agujero”, sin entender del todo qué ha pasado. La demanda privada se derrumba, y la oferta muestra un claro exceso de capacidad, fruto de los excesos del pasado, cuando el crecimiento se distorsionó a favor de determinados sectores poco productivos y sobre la base de una enorme deuda. Ante esta evidencia, la estrategia de los gestores públicos es tan evidente como equivocada: suplir la capacidad de demanda privada mediante el gasto público. Si los agentes privados, ahogados en sus deudas, no son capaces ya de consumir e invertir al mismo ritmo que hasta ahora, debe ser el Estado quien tome el relevo.

Dicha estrategia parte del equivocado supuesto de que es posible sostener el nivel de demanda agregada que venía registrándose hasta ahora y de la creencia de que el gasto público tiene un efecto “multiplicador” sobre el consumo privado, de tal forma que es casi irrelevante el nivel de deuda pública que se alcance, pues se generará riqueza suficiente para devolverla en el futuro. Es más, existe el convencimiento de que debe ser el endeudamiento público el que sustituya al endeudamiento privado para garantizar el ritmo de crecimiento porque, entre otras cosas, “a largo plazo todos estaremos muertos”, como dijo un inglés. Al mismo tiempo, se asegura que están tomando medidas con el fin de lograr un “cambio de modelo” y una “economía sostenible”.

Pues bien, tales hipótesis y medidas son justo las necesarias para garantizar que nuestra economía se adentre en el desastre de una larga depresión.

La única forma de retomar el crecimiento económico es que los agentes liquiden sus deudas, que los factores productivos se trasladen desde los sectores productivos sobredimensionados hacia aquellos otros de futuro y mayor valor añadido, y que se afronten de una vez los retos clave a largo plazo para nuestra economía (modelo energético, educación, sistema de pensiones, modelo laboral, dependencia tecnológica, cierre del modelo autonómico, reequilibrio de competencias entre el Estado y las CCAA, eficiencia de los servicios públicos, etc). El reajuste de la oferta productiva implica el fracaso de una parte de las inversiones iniciadas en el pasado en los sectores “inflados” –incluido el sector bancario- y requiere que no se tomen medidas contraproducentes para sostenerlos artificialmente tal como se está haciendo. Es imprescindible por otra parte que se eliminen las trabas al movimiento de factores productivos (mercado laboral, regulaciones autonómicas, burocracia excesiva, etc), para que los excedentes puedan recolocarse cuanto antes. Es necesario también que se limite el endeudamiento público, auténtico lastre para la futura recuperación, concentrando el gasto, por una parte, en ayudar a los sectores sociales más desprotegidos y, por otra, en inversiones estrictamente necesarias, rentables y de probado efecto expansivo sobre la oferta. Y con el fin de evitar similares problemas en el futuro es incuestionable que la regulación internacional del sistema financiero debe ser modificada para limitar su capacidad de expansión del crédito. Si permitimos que los bancos centrales mantengan sus objetivos e instrumentos, y las entidades de crédito conserven intacta su regulación, habremos garantizando la siguiente crisis.

Por tanto es urgente modificar radicalmente la estrategia de nuestros gestores si de verdad se quiere cambiar el modelo y hacer que sea “sostenible”, salvo que lo único que se pretenda sea lograr un efecto propagandístico y una “huida hacia adelante”, esperando que todo esto se haya superado y olvidado en la cita electoral de 2012.

La única política económica que se percibe en la actualidad es la de recurrir a carísimas, ineficaces e incoherentes ocurrencias con cargo al erario público, cuyo último fin es el de estimular una insostenible demanda y evitar el “desinfle”de sobredimensionados sectores productivos. Esta deriva, unida a la actual política monetaria expansionista a nivel mundial, provocará un escenario de elevada inflación y alzas en los tipos de interés en el momento en que las economías de nuestro entorno –no la nuestra- se recuperen. En ese momento, no muy lejano en el tiempo, volveremos a utilizar un viejo y conocido extraño término: “estanflación”.

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3 comentarios to “Con paso firme hacia el desastre”

  1. Pedro Herrero Says:

    Manuel, gran artículo.

    Mis dudas vienen por nuestra moneda común. ¿Aceptarán los alemanes/franceses nuestros desvaríos ya que vienen en el mismo bote que nosotros?

    ¿Que pasa si se necesitan ejecutar los “avales” del estado? Y aunque no lleguemos al corralito ¿Esa deuda la repecutimos al euro y aquí no pasa nada?

    Un saludo

  2. M. Sarachaga Says:

    Alemania, Francia y otros de momento tienen bastante con lo suyo -de momento-, aunque se acuerdan de nosotros mucho cuando ven el nivel de endeudamiento, déficit público y déficit exterior que hemos alcanzado: todo un boquete bajo la línea de flotación de la Unión Monetaria. No cabe duda de que seremos un lastre para la recuperación y que no les van a faltar ganas de echarnos del euro. Pero para nuestra suerte la cosa no es tan sencilla.

    Por otra parte, como bien apuntas, muchas entidades están emitiendo títulos con aval del Estado para escapar de la sequía de liquidez del interbancario. Si una parte de esos títulos se traducen en fallidos, la pérdida se la comerá el Estado, eso sin duda, y veremos si éste es capaz (y cuándo) de resarcirse. Nuestros gobernantes están fiando todo a una carta, que es la deuda pública, pensando que el falso estímulo que provoca ese gasto público sobre la demanda generará la riqueza suficiente para devolver tal deuda -gran error-, y olvidan que están inundando el mercado de títulos de deuda, causando:

    – Menos liquidez para el sector privado
    – Inflación a corto plazo (lo veremos a no tardar mucho, en cuanto haya el mínimo atisbo de recuperación de la demanda de nuestros vecinos, y no os quiero ni contar cuando ésta se recupere algo aquí). Como primer aviso, el petróleo ya supera los 60$/barril con la demanda cayendo…

    http://www.cotizalia.com/cache/2009/05/20/noticias_41_petroleo_supera_dolares_caida_inventarios.html

    – Impuestos futuros (=menos renta futura), pues la deuda pública de hoy es precisamente eso.

    – Presión a la baja sobre el euro: la indisciplina fiscal supone una pérdida en la capacidad adquisitiva de la moneda en toda la zona euro.

    En fin, que vamos justo en la dirección adecuada.

    pd Japón cae el 15% en tasa interanual…

  3. nubespasajeras Says:

    Si esto no es el comienzo de una gran depresión… ¿qué tiene que pasar para que ocurra algo así? Creo que gracias a los altos estándarse de vida de occidente, aquí la crisis “sólo” se va a traducir en desempleo, fuertes caidas del PIB y descenso generalizado de la renta media.

    Eso en occidente.

    Chicos, corregidme si me equivoco o me falta información esencial, pero… no es previsible que una crisis de segunda oleada golpee con mucha más fuerza aún a los países pobres? Si cae el consumo y la demanda en occidente, a la fuerza eso tiene que afectar en los precios de materias primas y productos manufacturados, que a su vez repercutirá en la pérdida de poder adquisitivo de los países pobres, que si esto ocurre serán aún más pobres… hay riesgo real de Gran Depresión en economías medias/bajas? No tiene nada que ver? Es realmente posible llegar a saber de economía? No sucede a veces que cuanto más aprendes menos sabes? Por qué la gente en Gijón es tan borrega y en vez de debatir sobre lo verdaderamente importante se moviliza por la chorrada de las entradas del Valladolid a 75 euros? Es que estamos tontos?

    Ays…

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