Utilízame otra vez…, como si no fuera esta noche la última vez… (música de fondo) por Jesús Hevia

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La botella de vino

Seis aňos hace de mi llegada a Alemania, y ya por entonces el “sistema de fianza” era lo más normal del mundo. Al comprar bebidas en botellas de plástico se abonan 25 céntimos por unidad (8 por las botellas de cristal) que le son reembolsados a uno tras la devolución de las mismas.

Los asturianos estamos familiarizados con algo parecido a la hora de pedir sidra y vasos en algunos merenderos. Esta medida permite reutilizar muchas botellas y ayuda a conservar la ciudad limpia, motivo por el cual la mayoría de los alemanes apoya y es partícipe de esta iniciativa ecológica (y al mismo tiempo de eficiencia económica). Además no resulta extraňo encontrarse con gente de escasos recursos económicos recogiendo botellas en los aledaňos de los estadios de fútbol, en los trenes y por el centro de la ciudad. Obviamente lo hacen por dinero, pero se puede decir que los “asociales” alemanes (así los denomina la sociedad alemana) realizan una labor cívica superior a la de la mayoría de los espaňoles.

La introducción del “sistema de fianza” tiene muchas ventajas y sólo un inconveniente: hay que poner un poco de nuestra parte y devolver las botellas a los establecimientos. Esto no supondría ningún problema si se obligase a los supermercados a aceptar todas las botellas, independientemente de dónde han sido adquiridas, tal y como sucede, salvo un par de excepciones, en Alemania.

Otras medidas ecológicas que están muy arraigadas en la sociedad germana son la separación de la basura (orgánica, plásticos y envases, papel, cristal, etc.) y la utilización de bolsas de tela para realizar la compra. En la mayoría de los supermercados alemanes se cobra por las bolsas de plástico y los políticos están estudiando leyes para suprimir dichas bolsas, o al menos hacerlas biodegradables elaborándolas con fécula de patata.

Separar la basura y hacer la compra con bolsas de tela son decisiones personales, igual que lo será devolver las botellas al supermercado si algún buen día (esperemos que pronto) se implanta el “sistema de fianza” también en Espaňa. Y decantarse por el o por el No debería verse respectivamente como un acto lleno o falto de civismo. Que podamos pagar las bolsas de plástico, prescindir de la fianza de las botellas o pagar posibles futuras multas por no separar la basura no es razón para hacerlo. Es un asunto más bien moral, una decisión que nos afecta a todos, ricos y pobres, ahorradores y derrochadores. Y la respuesta correcta ya la sabemos. La cuestión es más bien si estamos dispuestos a realizar un mínimo sacrificio personal para sustituir nuestros malos hábitos por unos mejores.

No quisiera finalizar sin aclarar una cuestión. En Alemania, el partido de los Verdes, el partido que más apuesta por la ecología, es el tercer o cuarto partido político más importante del país, hallándose sus ideas por tanto presentes en muchos gobiernos regionales de coalición. El programa económico de este partido es ilusorio y su propuesta política deja de lado, entre otros muchos aspectos, los intereses básicos de los trabajadores. Nadie en su sano juicio votaría a los Verdes para que gobernasen el país; sencillamente se les apoya para influir en los programas de los dos partidos principales. Concluyo, pues, diciendo que la ecología ha de estar presente en la política, pero que ni mucho menos debería acaparar el foco principal de atención; la ecología depende más bien de cada uno, de la voluntad personal de querer contaminar lo menos posible. De la voluntad personal de hacer de nuestra calle, de nuestro barrio, de nuestra ciudad y, en definitiva, de nuestro mundo un lugar mejor para vivir.

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Una respuesta to “Utilízame otra vez…, como si no fuera esta noche la última vez… (música de fondo) por Jesús Hevia”

  1. M. Sarachaga Says:

    Un comentario sin gran trascendencia: aunque quizás no os haya tocado vivirlo por temas de edad, cuando yo era un crío ese sistema era el que funcionaba en España. Cuando comprabas (en una tienda, entonces no existían apenas supermercados) un refresco, normalmente de litro, entregabas a cambio los cascos equivalentes, de forma que se reciclaban y no pagabas el vidrio. El sistema no se aplicaba por un asunto ecológico (entonces no existía esa conciencia), sino económico (escasez de recursos y, sobre todo, de capacidad adquisitiva de las familias).

    El progreso tiene como efecto casi inevitable el consumismo, que a su vez es un (potencial) gran enemigo de la conservación de la naturaleza. Y la austeridad bien entendida, tan denostada durante años, tiene serias virtudes que algunos están redescubriendo.

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