Administración sin papeles, gaitas y tururú

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En 2007 escribí un lamentable texto sobre administración electrónica para una asignatura de la universidad.

“Durante siglos el soporte natural de transmisión de información ha sido el papel. Su fiabilidad y resistencia ha dejado patente su efectividad a lo largo de los siglos, milenios desde Asia.

Contratos, listados, registros, documentos, fichas policiales (creadas por Fouché de quien toman nombre), historiales médicos, la gran parte de la información es susceptible de ser almacenada en tinta. Se puede decir que aquella información que no es trasladable a papel no tiene carácter práctico. Traducimos la música a este soporte, traducimos las ciencias, la arquitectura, el código civil, nuestro sistema jurídico, todo funciona a través de “una lámina delgada de fibras aglutinadas mediante enlaces por puente de hidrogeno (…) normalmente elaborado con pulpa de celulosa”, fibras de madera sobre las que, algunas veces, estampamos un fino dibujo en tinta que decimos que nos representa.”

En resumen, para ahorrar el mal trago de leer tanta “paja”, decía algo así:

“La administración electrónica está aquí, es una realidad y ha llegado para quedarse”

Pufff. Pues casi, casi, como el Segway.

Dos años después, con un escueto conocimiento de lo que es la administración por dentro, su funcionamiento y su personal, me cuesta verdaderos esfuerzos contener la risa ante la sarta de chorradas que puse por escrito. Como no me quiero poner muy pesado con el tema, resumo, la administración sin papeles tiene multiples ventajas, pero principalmente dos:

Es más eficaz: Puede ofrecer satisfactoriamente más servicios con mejores prestaciones (ubicuidad, agilidad, recuperación sin pérdida de información, etc)

Y es más eficiente (menor coste) porque, excepto por la inversión inicial… no necesita tanto personal ya que las herramientas informáticas pueden suplir una gran parte de las labores mecánicas hasta ahora realizadas por el personal auxiliar.

El ejemplo perfecto es la matriculación en la universidad, hoy en día se realiza a través de distintos trámites online sin el necesario acto presencial o la entrega de documentación. En consecuencia… ¿Se ha reducido el tamaño, en personal, de las secretarías de las distintas facultades y escuelas universitarias?

Bueno, pero que no es un tema de la universidad ¿Cómo es posible que, excepto por charlas, conferencias y campañas publicitarias, con tanto rollo sobre la innovación, una mejora a todas luces imprescindible y perfectamente implementable no está actualmente a pleno funcionamiento? Pues según lo veo, porque hace necesario menos personal. Y, dicho en fino, la administración española, como la agricultura de invernadero, prefiere ser intensiva en factor trabajo. Dicho en basto, sospecho que no sabrían que hacer con el personal sobrante.

¿Para cuando una verdadera “reconversión” administrativa?

O por lo menos un “recoloque” del personal hacia áreas donde puedan prestar servicios no redundantes.

PD: Lo siento por el tono, pero hoy España genera otro parado más de mi entorno. Una parte importante de mis amigos en paro o muy afectados por el ajuste de salarios y El descontrol en gastos de personal del Estado se come la subida fiscal. Al próximo que me hable de meritocracia y función pública, esto.

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