Inquietudes

Gijón, al contrario que Barcelona, vive de cara al mar. Cada cambio en su primera línea de costa nos afecta sobremanera, grabado a fuego, como llevamos, el desastre urbanístico del paseo del Muro. Que la zona de la Ería se merecía una ordenación en condiciones desde hace años parece obvio. También es obvio que al Ayuntamiento y, sobre todo, a la iniciativa privada que la pretenda, le empiezan mal las cosas. Las promesas de resistencia numantina y llamada a la (lentísima) justicia española que plantean los empresarios hosteleros de la zona son un mal inicio para el proyecto.

Que el concejal Sanjurjo pretenda templar ánimos aludiendo a la escasa urgencia de los plazos no es muy útil. El Plan de fachadas del Muro, Talasoponiente, la reforma de El Molinón o ahora la parcela de la Semana Negra (con su triste y solitaria excavadora) son algunas evidencias de que la elevada velocidad municipal no es algo que deba preocupar a nadie.

Sin embargo, la costa de Gijón sigue siendo material sensible. Y el Ayuntamiento y el Gobierno asturiano harían bien en preparar argumentos de peso si la playa sigue perdiendo su forma, y los arenales cambian de sitio mientras las piedras florecen. Que la versión oficial pregone que son las consecuencias de una inundación, en una comunidad que ha visto no pocos aluviones de agua, es curioso a la vista de los impresionantes resultados sobre una playa y un río que se habían acostumbrado a cohabitar antes de que la propia ciudad se estableciese. Parece lógico que en esta suma de imprevisible resultado el elemento extraño y novedoso sea el superpuerto y la dragadora que montamos. Me preocupo al pensar en Salinas, en las mareas de invierno y en las olas rompiendo más allá de la escalera diez.

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Satisfaction

La intención de abandonar la concesión de la autovía del mar Gijón-Nantes por parte de la empresa Grimaldi no augura nada bueno para su explotación. Ayer el señor Rexach se congratulaba por la inauguración de esta ruta, por lo que cabe preguntarse si conocía la postura de la naviera italiana cuando se definía «muy satisfecho» por su puesta en marcha. Ahora toca correr, a buscar un socio para la empresa Louis Dreyfus que cumpla las mismas condiciones que los Grimaldi, y que no debilite aún más las condiciones del contrato de concesión. Muy, muy, pero que muy difícil.

El polo logístico y energético que el Gobierno asturiano pretendía construir en El Musel se va derritiendo al calor de la crisis. O alguien está gestionando de manera penosa la situación, o es que el proyecto es un fracaso planificado en épocas de bonanza. La excusa de la mala coyuntura económica se va desgastando mientras de manera escalonada van cayéndose las inversiones.

Los ciclos combinados, la regasificadora, la ampliación de El Musel, la creación de la ZALIA y el diseño de la red ferroviaria apta para AVE y mercancías, todo ello promesas incumplidas. En 2007, el consejero Buendía prometía finalizar la autovía del Cantábrico en 2009. No quiero amargarles con la hemeroteca de consejeros, ministros o delegados de Gobierno. La realidad es que se cae la autovía del Cantábrico, los enlaces con el superpuerto y la variante de Pajares; el HUCA promete ir para largo, mientras las inversiones vinculadas al sector energético han quedado paralizadas y la elitista y carísima Laboral queda en manos de José Luis Moreno. Mientras todo esto pasa, el aparato del PP asturiano se entretiene alegremente en cargarse sus posibilidades de gobernar, confirmando que algunos viven mejor en la oposición.

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