Generación Perdida

Publicado en El Comercio el martes 5 de abril de 2011
Pedro Herrero, número dos por la lista autonómica de UPyD Asturias

Nicolás en Madrid, Miguel en Barcelona, Mikael en Shangay. Me estoy quedando sin amigos en Asturias. Eternos universitarios, emigrantes como nuestros abuelos, perpetuos temporales, perpetuos compañeros de piso, recibiendo ayudas económicas de nuestras familias, no queremos ser padres porque con treinta todavía nos consideramos adolescentes. Somos, y siempre seremos, la generación perdida.
No ha sido una guerra lo que se nos ha llevado por delante. Ha sido una catástrofe financiera, sí, pero también la irresponsabilidad de una clase política, llevándonos mes a mes, año a año, hacia el desastre, ante el silencio de nuestra sociedad.
Hemos tolerado que en la mayor época de bonanza de la democracia nuestro mercado laboral mantuviese un desempleo estructural del 11-12%, un nivel de desempleo que los países desarrollados de nuestro entorno, en la mayor crisis de la historia reciente, no alcanzan.
Hemos tolerado como justo que hubiese trabajadores hiperprotegidos por convenios y sindicatos, mientras nuestros jóvenes, abocados al matadero de una educación ineficaz, accedían a puestos de trabajo temporales, encadenando empleos precarios, sin posibilidades de formación o carrera profesional. Toleramos como normal que la mayor aspiración de toda una generación sea vivir del sector público, creando un país de aspirantes a funcionarios y empleados públicos. Hemos creado una economía del enchufe, una Administración pública sumisa. Hemos creado un país de gente sin ambición. Somos la generación ‘Low cost’. Viajes baratos, descargas ‘pirata’, vidas baratas.
Este Gobierno, cuando tuvo tiempo y recursos para intentarlo, no tomó ninguna decisión para cambiar esta situación. Este Gobierno se dedicó a aprobar leyes de memoria histórica y paridad. Este Gobierno se dedicó a aprobar estatutos de autonomía que legitimaban la desigualdad territorial española. Este Gobierno se dedicó a aprobar leyes de financiación autonómica al dictado de partidos nacionalistas que hoy ya piden el cupo vasco.
En abril de 2009, el ministro Corbacho defendió que no era necesaria su reforma, ya que las pensiones estaban «garantizadas hasta 2025». Ese año, yo cumpliré cuarenta y cinco, y lo que quería decir esa frase es que no sabían qué harían para pagar las pensiones en esa fecha.
Ahora ya lo sabemos. Hace unos meses, contradiciendo lo que planteaba Corbacho, se aprobó una bajada generalizada de las pensiones y se subió la edad de jubilación. Es decir, no cambiamos el sistema por uno más transparente, justo y equitativo. No. Bajamos pensiones y elevamos la edad de jubilación.
¿Se han parado a pensar que la tasa de desempleo juvenil de este país supera el 40%? Si subimos la edad de jubilación, ¿saben cuál es el efecto? Jóvenes que a sus treinta años ya sospechan que no accederán a la pensión máxima de la Seguridad Social y que tendrán que trabajar hasta los setenta.
El mismo año que esto pasa (gracias a un Plan General de la Minería aprobado por Francisco ÁlvarezCascos) el marido de la candidata socialista al Ayuntamiento de Oviedo, Víctor Marroquín (contra quien no tengo nada personal), se prejubila con 52 años, 250.000 euros de indemnización y 3.000 euros al mes. En una empresa pública.
¿Qué dijo sobre ello esa especie de reaccionarios y conservadores de izquierda que tenemos en nuestra comunidad? ¿Salió alguien en todo el partido socialista asturiano a criticar esto? ¿Alguna agrupación local? ¿Algún socialista dijo algo de manera pública?
Según su programa máximo, el ideal del Partido Socialista Obrero es la completa emancipación de la clase trabajadora, es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores, dueños del fruto de su trabajo, libres, iguales, honrados e inteligentes.
Por el contrario, el PSOE que nos gobierna hoy es el del ‘som una nació’, el del ‘proceso negociador’ con ETA, el de ningún consenso en educación, justicia o modelo de Estado, el de las listas cerradas, el del enfrentamiento institucional, el del modelo económico caduco, el de las ayudas de los 400 euros, el Plan E, el del cheque bebé. El del modelo ‘cuencas mineras’.
Nuestro Gobierno es el mejor emblema del signo de los tiempos hipócritas que nos ha tocado vivir. Y es por eso que hoy, por primera vez en mi vida, estoy tomando partido por una opción política. El objetivo es recuperar para España el sueño de la igualdad de oportunidades y la libertad individual que nace de la emancipación económica. Hoy sigue siendo válido y necesario pelear por esos ideales.
A la vieja política, al PSOE, al PP, a IU, a Cascos y al resto. A toda la vieja política le pido, o que nos ayuden, o que no se pongan en medio, porque creo que las decisiones que tomemos en los próximos años decidirán cómo serán las próximas décadas de este país. Creo que ésta va a ser la lucha de mi generación. Distinta de la de nuestros padres. Pero tan fundamental y necesaria como la Transición. Y va a ser una lucha democrática.
Y no me engaño, cambiar este país va a requerir mares de tiempo y esfuerzos. Puede que los cambios no lleguen ni en un año, ni en dos; sin embargo, entre todos, no tengo ninguna duda de que lo vamos a conseguir.

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Ocultación

Los datos que presenta la Consejería de Salud vienen a confirmar lo ya sabido. Existe una relación directa entre la reducción de las dotaciones para Jove y Cruz Roja y el aumento de los días de espera quirúrgica. Es decir, la estrategia de reducir los convenios sanitarios, donde las intervenciones son más económicas para el presupuesto público, es una maniobra de locos.

La razón: durante los próximos cuatro meses ya no se trata de gobernar, todos estos equilibrios (y mentiras) presupuestarios cobran sentido al entender que el objetivo es hacernos llegar a las elecciones de mayo sin poner sobre la mesa distintos debates, entre otros: modelo sanitario, educativo, ley de dependencia. Todos saben que la situación es insostenible, así que se retiran propuestas de reorganización y se mete la realidad en un cajón, mientras todos tratan de que lleguen las elecciones autonómicas entre el silencio general.

El PSOE hace demagogia de la mala al acusar al PP de querer hacer desaparecer el Sespa y, mientras, el PP sigue a lo suyo, hablando de chiringuitos socialistas como si no nos estuviésemos jugando el estado del bienestar en esta partida. Señores candidatos les informo (lo saben de sobra) de que las listas de espera de los especialistas de esta comunidad, por ejemplo dermatología, digestivo y cardiología, son un drama. Hay médicos que se ven obligados a derivar a sus pacientes hacia urgencias. Sé que es pedir demasiado que algunos partidos políticos se pronuncien sobre el modelo sanitario y educativo que quieren implantar. Propuestas detalladas que digan qué apuestas se van a hacer, qué vamos a cerrar y cómo vamos a gestionar la pobreza de recursos de los próximos cuatro años. Nunca se sabe, igual ahora les da por contar la verdad.

Mi columna y el artículo.

Daños colaterales

Nuestro actual estado del bienestar tiene dos enemigos. Los que siempre han pretendido acabar con él, y los que, por no querer abordar su reforma, acabarán con él.

Por encima de la retórica del «quítate tú pa ponerme yo» y las alusiones al orgullo testicular, Asturias tiene retos por delante para los que hace falta proponer soluciones. La duda ya no es si podemos mantenernos impávidos, defendiendo que la actual configuración de nuestro estado del bienestar, con su absurdo nivel de descentralización, es intocable. El puro voluntarismo político no puede negar la evidencia palmaria que nos habla de su imprescindible reforma.

Les recuerdo que, el mismo año que se produce alguna sonada prejubilación, mi generación ve elevar su edad de retiro, por lo menos, a los 67 años. Por lo tanto la duda ya no es si lo vamos a hacer, sino cómo lo vamos a hacer y si el sistema resultante apostará por la cohesión y la igualdad de oportunidades, o por mantener privilegios y desigualdades territoriales que, en gran parte, nos han llevado a esta situación.

El 17 de enero, Citigroup y su economista jefe, Willem Buiter, publicaban un informe (pag. 17) en el que criticaban el escaso control español de las cuentas públicas de autonomías y ayuntamientos y alertaban que las políticas de control del gasto se estaban convirtiendo en retrasos en el pago a proveedores. Es decir, nuestra clase política no está asumiendo la nueva situación.

Ayer, Zapatero, adalid de un socialismo que «combaya» con el nacionalismo, publica las balanzas fiscales, desoye el significado de la palabra «cohesión» y legitima la desvertebración de España, autorizó a una comunidad autónoma a endeudarse por encima del resto por criterios meramente políticos. Se ve que no aprendemos.

La noticia y mi columna.

Calimero

Aristeia, dos instituciones se enfrentan en combate singular. El Gobierno del Principado y la Universidad de Oviedo, por la brizna de paja que rompe la espalda del camello, una factura de agua y jardines a cobrar por el Recrea. El conflicto real pivota sobre la financiación universitaria y se ha ido enconando. Las acusaciones de reducción presupuestaria y maquillaje con las partidas del Campus de la Excelencia y los fondos mineros, la amenaza a la nueva titulación de trabajo social. Un gobierno saliente coacciona con el mango de la sartén, los presupuestos, pero, visto lo visto en Cataluña, no parece que hablemos del futuro. La Universidad amenaza con marcharse de la Laboral, y una institución tan opaca a la sociedad es un mal enemigo, sufre pocos costes internos cuando se enfrenta al Principado.

A estas alturas parece obvio que la Laboral debería haberse ocupado, años atrás, con la llegada de la Universidad a Gijón. El dinero europeo, tan fecundo para realizar obra nueva dio al traste con esa posibilidad. El mismo dinero germano, esta vez camuflado de fondos mineros, centrifugó un campus hacia Mieres. Cascarones vacíos navegando en las procelosas aguas de la crisis.

La Universidad le hizo un favor al Gobierno cuando accedió a ocupar tantos metros en la Laboral. Un espacio enorme que nos convierte en pigmeos y que busca de manera desesperada contenido. Un edificio que parece querer cobrarse los años de intencionado olvido. Así, su primera víctima, la programación cultural de Mateo Feijoo que buscaba cristalizar el proyecto de Jorge Fernández León, se ha visto sustituida por José Luis Moreno.

En consonancia, si la Universidad de Oviedo decide abandonar la Laboral quizás apostemos por enviar la Semana Negra a celebrarse entre las escaleras de Luis Moya.

La noticia y mi columna

Indignación

Se ha jugado con el porvenir económico de nuestra región. Se ha mentido. La crisis no es la causa, sólo ha acelerado el final de la pantomima. Acabada la obra civil el puerto seguirá incompleto. Y es engañar el pretender que son los agentes privados, escasos de recursos, los que correrán con las inversiones. El rechazo de EBHI al traslado es lógico. Los tráficos del puerto no lo justifican. Así de simple, triste y demoledor.

Se acabaron los rollos y los premios, las buenas palabras e intenciones. Si el puerto no es competitivo y lleva estancado en sus tráficos diez años (siete de ellos de espectacular crecimiento); si los gestores portuarios caminan con paso firme hacia el precipicio; si se han cargado los astilleros gijoneses las decisiones políticas tomadas por los gobiernos socialistas; si son evidentes los fracasos en infraestructuras y el incumplimiento de las promesas que se hicieron al inicio de la década; debe haber responsables políticos respondiendo ante la sociedad. Que la oposición sea un conjunto de incapaces que no han sabido adelantarse a estos hechos debería hacernos reflexionar sobre su calidad como políticos.

Asturias necesitaba acabar la primera década del siglo XXI con los deberes hechos. Y no lo ha conseguido. Y lo vamos a pagar de manera muy dura entre todos. Asturias podía contar con una serie de infraestructuras que ejercerían de ventaja comparativa en la crisis (alta velocidad, autovía del Cantábrico, superpuerto). Sin embargo, nuestra clase política decidió comenzar dudosos proyectos que competían por recursos y esfuerzos, reduciendo nuestra capacidad para cerrar aquellos verdaderamente importantes. Esta columna se me queda corta para expresar la indignación que siento.

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